A veces pasa algo así: llevas meses con alguien, os entendéis, hay conexión, todo parece fluir… y de repente, en cuestión de un día, todo cambia. Un día te dice que sí, que quiere estar contigo, y al día siguiente te dice que no, que no está preparada y te deja por whatsapp. Y lo primero que te sale, porque es lo más automático, es pensar: “pues que le den”, “paso”, “no voy a arrastrarme”.

Y tiene su lógica, es lo que haría casi cualquiera cuando están pasando de ti porque te sale tu orgullo herido. Pero… ¿y si no fuera tan simple?

Cuando algo cambia en 24 horas, y no ha pasado nada que explique que te dejen, podríamos pensar en qué es lo que se ha podido activar dentro de la otra persona.

Todos tenemos heridas emocionales, aunque no siempre seamos conscientes de ellas. Miedo al rechazo, miedo a no ser suficiente, miedo a que nos hagan daño, miedo al compromiso. Y muchas veces, cuando una relación empieza a volverse más seria, esas heridas se activan.

Imagínate que esa chica llevaba meses bien contigo, a gusto, tranquila. Pero en el momento en el que la relación da un paso más, algo se mueve dentro de ella. Quizá aparece un pensamiento tipo: “¿y si ahora me hacen daño?”, “¿y si no soy suficiente?”, “¿y si esto no sale bien?”, “y si no estoy preparada para el compromiso” o simplemente empieza a notar una sensación de agobio, angustia por dentro que no sabe de dónde sale. Y sin darse cuenta, en lugar de avanzar en la relación, se protege… y te deja por WhatsApp. No hay mirada, no hay conexión real, todo es más frío, más rápido y mucho más fácil de cortar sin explicar demasiado.

Entonces, ¿qué haces tú?

Tienes dos opciones. La automática, que es la que sale sola: pasar, enfadarte, cerrar la historia rápido y protegerte desde el ego. O la consciente, que no significa arrastrarte ni perder tu dignidad, sino simplemente intentar entender qué ha pasado y, mucho mejor en persona.

A veces basta con algo tan simple como decir: “oye, me ha sorprendido lo que has dicho por whatsapp, ¿ha pasado algo?”. Desde la calma, desde la curiosidad, no desde la necesidad porque a veces no es que la otra persona no te quiera, es que no sabe gestionar lo que siente.

Y esto es importante entenderlo: las relaciones no van solo de lo que haces tú, van también de lo que el otro trae de su historia, de sus heridas, de sus miedos, sus fidelidades familiares. No todo es “me quiere” o “no me quiere”.

Y entender esto te hace más consciente. Te saca de la reacción automática y te permite actuar desde otro lugar.

Antes de cerrar una historia rápido, pregúntate si realmente has entendido lo que ha pasado. Porque a veces no es el final… es una conversación que no se ha tenido y otras veces, realmente no llegarás a entender lo que ha pasado, pero no pases página sin tener la sensación de haber intentado entender y de haberle dado a la otra persona la oportunidad de expresarse en un lugar seguro desde la calma, siempre y cuando sea una persona que consideras que merece la pena.

Sois Jóvenes Conscientes. Salid ahí fuera y demostradlo al mundo 🙂

por admin

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *